Cuando pensamos en unos dientes bonitos, solemos fijarnos en si están blancos o rectos. Pero hay algo igual o más importante: cómo encajan al morder. La llamada mordida perfecta no sólo tiene que ver con la estética, también con la salud de la boca, las encías, las articulaciones de la mandíbula… incluso con la forma en la que hablamos o respiramos.
Un buen alineamiento de los dientes y una correcta relación entre el maxilar superior y la mandíbula son fundamentales para masticar bien, evitar desgastes prematuros e incluso prevenir dolores de cabeza o cuello. Pero ¿Cómo debería ser exactamente esa mordida?

Posición de los dientes para la mordida perfecta
- En una mordida ideal, los dientes superiores y los inferiores no están perfectamente uno sobre otro, sino que se colocan con una ligera superposición y encajan como las piezas de un puzle. En concreto:
- Los incisivos superiores (los dos dientes centrales de arriba) cubren aproximadamente entre un 20 y un 30 % de los incisivos inferiores al cerrar la boca.
- Los dientes superiores están ligeramente más hacia fuera que los inferiores.
- Las puntas de los caninos superiores encajan entre el canino y el primer premolar inferior.
- Los molares superiores contactan con los molares inferiores de manera que se distribuye la fuerza de la masticación y no se sobrecargan unas piezas más que otras.
Si al cerrar la boca notas que los dientes chocan solo en un punto, que los de arriba cubren completamente a los de abajo o que los de abajo sobresalen hacia delante, probablemente tu mordida no sea la ideal.
Tipos de mordida
No todas las bocas encajan igual y, cuando la mordida se aleja de lo ideal, hablamos de maloclusiones. Las más comunes son las siguientes:
- Mordida normal o neutra: Es la que acabamos de describir: dientes alineados, ligera superposición de los superiores sobre los inferiores, sin desviaciones laterales ni huecos excesivos.
- Mordida abierta: Al cerrar la boca, los dientes delanteros no llegan a tocarse y queda un espacio entre ellos. Suele asociarse a hábitos infantiles como chuparse el dedo o empujar los dientes con la lengua.
- Mordida cruzada: Uno o varios dientes inferiores se sitúan por fuera de los superiores cuando se muerde. Puede ser unilateral (en un lado) o bilateral y provoca asimetrías y sobrecargas.
- Mordida en tijera: Los dientes superiores quedan excesivamente por fuera de los inferiores, sin apenas contacto.
- Sobremordida aumentada: Los dientes superiores cubren en exceso a los inferiores, a veces hasta el punto de que los de abajo ni se ven.
- Prognatismo o mordida invertida: En este caso, los dientes inferiores sobresalen hacia delante respecto a los superiores. A menudo tiene un componente óseo y no solo dental.
- Desviación o mordida desplazada: La mandíbula se cierra hacia un lado porque los dientes no encajan en el centro. Esto puede afectar a la simetría del rostro y a la articulación de la mandíbula.
Una mordida incorrecta no sólo afecta al aspecto de la sonrisa:
- Desgaste anormal de los dientes.
- Dolor en la articulación temporomandibular (ATM).
- Dolores de cabeza y de cuello.
- Dificultades para masticar, hablar o incluso respirar.
Por eso los dentistas no se limitan a alinear los dientes por estética, sino que buscan conseguir una mordida funcional, equilibrada y estable.
En resumen, una mordida perfecta no es que los dientes estén como soldados en fila ni que brillen más que la porcelana, sino que encajen de manera armónica y sin forzar ni la mandíbula ni las piezas dentales. Si no estás seguro de si la tuya es correcta, un ortodoncista puede evaluarlo y explicarte qué opciones hay para mejorarla si es necesario.

